Por una soberanía informática de plataformas

En este artículo de opinión, Daniel Ghiraldo plantea la necesidad de avanzar hacia una infraestructura digital pública que permita competir con las grandes plataformas privadas, reducir costos para comercios y consumidores, ampliar el acceso al crédito y garantizar derechos para los trabajadores de la economía digital.

Después de ver la usura que está llevando adelante Galperín con sus préstamos a  tasas increíbles. La nueva «Forestal» en la que se constituyeron aplicaciones como  Rappi, donde el 70% de sus trabajadores están endeudados con las mismas  plataformas para comprar sus herramientas de trabajo. Creo que en Argentina  tenemos que empezar a discutir la creación de plataformas públicas que compitan  con Mercado Libre, Mercado Pago, Rappi y otras empresas de la economía digital. Ya  que son servicios que se volvieron prácticamente indispensables para comerciantes,  consumidores y trabajadores. Pero esa dependencia también implica transferir una  parte cada vez mayor de los ingresos hacia intereses privados que controlan esas  plataformas.

Tomemos un ejemplo concreto. Hoy Mercado Libre cobra al vendedor, dependiendo  de la categoría y la provincia, entre el 11,80% y el 17,14% del precio de una venta. Si  además quiere ofrecer cuotas manteniendo el precio publicado, tiene que agregar  otro 9,40% para 3 cuotas, 15,10% para 6, 20,70% para 9 y hasta 25,90% para 12  cuotas.

Esto significa que un pequeño comerciante que vende un producto de $100.000 y  quiere ofrecerlo en 12 cuotas puede terminar destinando más del 40% del precio  entre la comisión por vender y el costo de las cuotas, dependiendo de la categoría.  Después vienen impuestos, logística, costo de la mercadería y demás gastos. Buena  parte de todo esto, obviamente, termina trasladándose al consumidor. Y muchas  veces la plataforma, de manera unilateral y arbitraria, modifica esos costos, llevando  a la quiebra a miles de pequeños comerciantes.

Pero, además, Mercado Pago participa en otra parte de la cadena. Dependiendo del  medio de pago y del plazo de acreditación, el comerciante también paga por cobrar.  Actualmente se publican costos que van desde el 0,8% más IVA para determinados  pagos con QR hasta el 5,99% más IVA para ciertos cobros con tarjeta de crédito con  acreditación inmediata. Y estos costos son en Argentina, en Brasil, donde también está ¡son más baratos!

Así, una misma estructura empresarial puede intervenir en la publicación, la venta, el  cobro, la financiación, la publicidad para lograr visibilidad y la logística. Para un  pequeño comerciante, Mercado Libre y Mercado Pago terminan convirtiéndose en  una especie de socio obligatorio que participa de su facturación sin compartir  ninguno de los riesgos propios del negocio. Y en este caso, la empresa se encargó a  través de excenciones impositivas y de radicar su domicilio en el exterior que muy  poco vuelva a la sociedad que la sustenta.

A esto se suma el crédito. Mercado Pago ofrece préstamos cuyas condiciones varían  según cada usuario, por lo que no corresponde hablar de una única tasa. Pero sí  corresponde discutir por qué el financiamiento de consumidores y pequeños  comerciantes queda cada vez más en manos de estas empresas privadas y por qué el  Estado no utiliza su banca pública para ofrecer alternativas mucho más económicas.

Argentina podría desarrollar una billetera pública para pagar y cobrar con costos  mínimos, una plataforma nacional de comercio electrónico con comisiones bajas y  un sistema de créditos blandos articulado con Banco Nación, Banco Provincia y otros  bancos públicos. La propia información de las ventas, con autorización del  comerciante y protección de sus datos, podría servir para evaluar automáticamente  créditos destinados a comprar mercadería, maquinaria o financiar capital de trabajo.

Esto no es una fantasía tecnológica. En cierta medida, el Banco Provincia empezó con  esta iniciativa con Cuenta DNI, que es una billetera virtual. Pero Brasil fue más lejos y a eso tenemos que apuntar. Ya que desarrolló no una billetera, sino una  infraestructura pública para todo el sistema de pagos brasileño. Eso es Pix, el sistema  de pagos instantáneos administrado por el Banco Central de Brasil. Comenzó a  funcionar en 2020, permite transferir y pagar las 24 horas de todos los días y para las  personas físicas es, como regla general, gratuito. A comienzos de 2026 ya lo habían  utilizado más de 170 millones de brasileños y solamente durante enero se realizaron  más de 7.000 millones de operaciones.

La experiencia de Pix comenzó durante el gobierno de Bolsonaro y continuó  desarrollándose durante el gobierno de Lula. Eso también resulta interesante: Brasil  consiguió transformar una infraestructura digital pública en una política que atravesó  gobiernos de distinto signo político.

Nuestro país podría avanzar todavía más e incorporar también el problema de los  trabajadores de plataformas. Un repartidor de Rappi o un conductor que trabaja  mediante una aplicación aporta su tiempo, utiliza generalmente sus propias  herramientas y asume los riesgos de la actividad. Sin embargo, buena parte de estos  trabajadores permanece afuera de derechos laborales y de la seguridad social. Si  bien, claramente apoyándonos en el Convenio 193 de la OIT, deberíamos imponer un  sistema normativo que las obligue a cumplir con estos derechos laborales. Su  amenaza es siempre abandonar el país y dejar miles de trabajadores en la calle, acusando de que eso les daría menos rentabilidad.

Para garantizarles esos derechos a los trabajadores y evitar que las actuales  plataformas los tengan de rehenes, deberíamos crear una plataforma pública de las  mismas características. Esta podría establecer que cada viaje, entrega o servicio  genere automáticamente aportes para jubilación, obra social y cobertura frente a  accidentes de trabajo. La tecnología permite hacerlo: si un algoritmo puede calcular  en segundos cuánto cuesta un viaje, cuánto cobra la plataforma y cuánto recibe el  trabajador, también puede calcular y depositar automáticamente los aportes  correspondientes.

Y, ojo, la existencia de estas herramientas públicas tampoco requiere eliminar las  plataformas privadas. Mercado Libre, Mercado Pago, Rappi o cualquier otra empresa  podrían seguir funcionando. Pero tendrían que competir con una alternativa donde el  objetivo no sea obtener la mayor comisión posible de cada operación, sino reducir los  costos de intermediación, fortaleciendo el mercado interno, dinamizando el  comercio e impulsando nuestra industria nacional. Además de ampliar el acceso al crédito.

Durante décadas el Estado construyó rutas, bancos, redes eléctricas, correos y otras  infraestructuras porque eran fundamentales para el desarrollo económico. Hoy una  parte creciente de nuestra economía circula por infraestructuras digitales privadas:  allí compramos, vendemos, pagamos, pedimos préstamos y trabajamos.

Argentina tiene bancos públicos, universidades, empresas tecnológicas y recursos  humanos suficientes para desarrollar una alternativa propia. La discusión que  tenemos pendiente es si vamos a seguir aceptando que unas pocas empresas  privadas cobren un porcentaje cada vez que alguien compra, vende, cobra o trabaja,  o si vamos a utilizar las posibilidades que ofrece la tecnología para bajar costos,  financiar a las pymes y extender derechos a los trabajadores de la economía digital.

¿Necesitás asesoramiento legal?

Si sos vigilador y tenés dudas sobre tus derechos laborales, los abogados de Ghiraldo & Asociados responden sin cargo.

Consultar por WhatsApp